«Mamá, qué bien cocinas, ¡cómo echo de menos tus lentejas!». Sí, el milagro es posible. Si quieres oír estas palabras pronunciadas por los labios de tu hijo adolescente solo tienes que poner un poco de distancia. La distancia más provechosa que puedas imaginar: la de enviar a tu hijo un año escolar al extranjero.

«Qué le pueda pasar algo, no saber dónde está en cada momento, no conocer su entorno…. es lo que más me inquietaba». Cristina, madre de Natalia (15 años)

Aunque esté cursando ESO o Bachillerato, tu hijo es más autónomo de lo que imaginas, solo debes ponerle a prueba. Pensar de forma objetiva y romper con la incertidumbre de la separación es el primer paso a dar:

«A Alessandra le ha venido muy bien alejarse de casa y a nosotros, yo creo que también un poco». Guadalupe, madre de Alessandra (17 años)

Ambas reflexiones son compartidas por madres que ya han comprobado los beneficios que cursar un año escolar en el extranjero ha tenido en sus hijos. Participan en una campaña divulgativa que bajo el título #quetevayasdecasa ha impulsado Aseproce.

La Asociación Española de Promotores de Cursos en el Extranjero es una organización sin ánimo de lucro que vela desde 1987 por la calidad y profesionalidad de las empresas especializadas en gestionar cursos académicos en el extranjero, y de la que forma parte Global Link Idiomas.

«Yo creo que son las madres las que al final tomamos la última decisión en esto». Raquel, madre de Pablo (13 años)

Las exigencias de madres y padres para delegar la responsabilidad del cuidado de sus hijos son máximas. Por eso es fundamental confiar en los servicios de empresas con garantías. Las empresas asociadas a Aseproce están auditadas para ser merecedoras de un Sello de Calidad que garantiza la excelencia de su actividad en los programas educativos en el extranjero.

«Me parecía que lo más interesante para mi hija iba a ser a nivel personal, porque el idioma, sin duda, lo iba a aprender: sí o sí». Cristina

La coincidencia es total. Cursar un año académico en el extranjero es una experiencia vital formativa a todos los niveles. Las madres que han participado en la campaña destacan cualidades como madurez, desarrollo integral, responsabilidad, independencia…

Unos valores que se suman a otro factor decisivo para su desarrollo escolar, intelectual y profesional: el dominio de una lengua extranjera. Aprender viviendo en inglés, conociendo su cultura, sus expresiones marca una diferencia de por vida.

«Era algo que tenía que hacer por el bien de mis hijos». Irene, madre de Pablo (13 años)

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